El uso de la sal marina como desinfectante natural en las piscinas ha ganado importancia en 2020. La electrocloración o electrólisis salina ya es el método más demandado en detrimento de otros desinfectantes, especialmente porque la sal marina es un producto natural cuyo uso asocia ventajas para la salud, el medio ambiente y su mantenimiento.
Según los datos anunciados hoy por Salimar, en España, de las 720.000 toneladas de sal marina que producen sus asociados, se dedican más de 180.000 toneladas al tratamiento de aguas. Hasta 2019 la desinfección de las piscinas se había llevado a cabo principalmente mediante el uso de cloro químico. Sin embargo, según el último el Barómetro Sectorial de la Piscina de ASOFAP, la electrocloración o electrólisis salina, es decir, el uso de la sal marina como desinfectante natural, ha ganado importancia y ya es la más demandada en el mercado nacional.
“Entendemos que se debe a las múltiples ventajas que presenta este sistema de desinfección del agua a todos los niveles: tanto para la salud, como para el medioambiente y el propio proceso de mantenimiento de este tipo de cloradores”, explican desde Salimar.
Ventajas de la electrólisis salina
El uso de la electrólisis salina tiene múltiples ventajas respecto a la utilización del cloro químico tradicional. Las tiene para el medio ambiente, ya que se trata de un sistema sostenible, dado su funcionamiento basado en dos elementos naturales (agua y sal marina) que, gracias a la electricidad, consiguen aportar el cloro a las piscinas.

Las ventajas de la electrocloración también se extienden a la salud y el bienestar. En primera instancia porque el agua de las piscinas con este sistema de desinfección es más suave y ligera, sin el fuerte y característico olor a cloro. Y porque esa suavidad y ligereza, así como la baja concentración salina, también se traduce en menos trastornos en la piel y en los ojos respecto a los producidos por el sistema tradicional.
Asimismo, los beneficios también son para los encargados del mantenimiento, ya que hablamos de un sistema de funcionamiento semi-automático que garantiza constantemente la buena calidad sanitaria del agua sin requerir muchas horas de trabajo; a la vez que permite un importante ahorro económico respecto al cloro comercial y evita añadir productos químicos directamente sobre el agua de la piscina y, por tanto, el tener que almacenarlos con los riesgos que ello supone.
¿Cuál es el funcionamiento de la electrólisis salina?
Las piscinas de agua salada utilizan para su desinfección cloradores salinos integrados en sus sistemas de filtrado que generan cloro activo a partir de niveles muy bajos de sal en contacto con el agua, sin productos químicos, mediante un proceso de electrólisis. El resultado es un cloro inodoro e incoloro caracterizado por ser un potente desinfectante capaz de destruir cualquier microorganismo existente en el agua de las piscinas.
Concretamente, para llevar a cabo este proceso, basta con echar una pequeña cantidad de sal marina (entre 4 y 6 gramos por litro de agua de la piscina, una concentración muy inferior a la salinidad del mar e incluso inferior a la de la lágrima humana o de las soluciones fisiológicas). Esta sal pasa por unos electrodos previamente instalados en las tuberías de retorno del sistema de depuración de la piscina, que la convierten en cloro activo. Lo interesante del proceso es que es circular. Es decir, que este agente desinfectante se transforma nuevamente en sal, de forma que el ciclo se renueva constantemente.
La Asociación Española de Productores de Sal Marina, Salimar, se constituyó en 2019 con el objetivo dar a conocer las características y beneficios de la sal marina, promover su consumo responsable en beneficio de la salud y reivindicar la función medioambiental de una industria sin la cual no existirían ecosistemas de enorme riqueza, en los que viven y nidifican centenares de especies animales.
Las empresas asociadas en Salimar son Marítima de Sales (Cádiz), Infosa (Tarragona), Salinas d’Es Trenc (Mallorca), Salinera Española (Ibiza y Murcia) y Bras del Port (Alicante). Entre las cinco suman un total de 7.200 hectáreas, con una capacidad productiva media de 720.000 toneladas anuales de sal marina.
La sal marina está presente en infinidad de aplicaciones que van del consumo humano a la industria alimentaria pasando por la industria química o el tratamiento de agua. La facturación de las empresas asociadas ronda los 50 millones de euros al año.
